¡ORGULLO CORRENTINO Y MEMORIA EMOTIVA!
Hoy, 26 de junio, el Concejo Deliberante de Curuzú Cuatiá aprobó por UNANIMIDAD el repudio contra el Gobierno Nacional por borrar el nombre del héroe correntino
Orlando Gustavo Pascua del Museo Malvinas.¿Quién fue Pascua? Un excombatiente de nuestra provincia que dedicó su vida de posguerra a defender a sus compañeros, luchar por los derechos humanos y ayudar a identificar a los caídos en las islas.Aunque el museo usó el nombre del querido maestro Julio Rubén Cao para reemplazarlo, la comunidad de Corrientes se planta firme:
un homenaje no debe borrar a otro. ¡La memoria de nuestros héroes de Corrientes no se toca! 
EDITORIAL: LA BALANZA ROTALa memoria histórica no debería ser un juego de suma cero donde para vestir a un santo se tenga que desvestir a otro. Sin embargo, la reciente decisión del Gobierno Nacional de remover el nombre del correntino Orlando Gustavo Pascua del auditorio del Museo Malvinas para colocar el del maestro Julio Rubén Cao ha dejado una profunda sensación de injusticia. Ha roto, de manera innecesaria, la balanza del reconocimiento federal.Nadie en su sano juicio osaría cuestionar el patriotismo, el arrojo y la valentía del soldado maestro Julio Rubén Cao. Su historia es un faro de entrega: un docente que, ya habiendo cumplido con su deber militar, decidió cruzar a las islas de forma voluntaria para defender la soberanía nacional y dejar la vida en el frío suelo de Monte Longdon. Su legado merece los máximos honores posibles.Pero la pregunta incómoda que surge desde el interior profundo es: ¿por qué el homenaje a un héroe debe costar el olvido de otro? Si la intención era honrar la gigantesca figura del maestro Cao, la lógica y el federalismo dictaban buscar un espacio propio. Hubiera sido un gesto noble y sumamente acertado sugerir su nombre para bautizar un aula, una escuela o un centro de veteranos en la provincia de Buenos Aires, de donde él era oriundo y donde sembró sus primeras semillas como educador.Hacerlo de la forma en que se hizo —borrando de un plumazo a un referente de la posguerra— abre una herida que en Corrientes se siente como una abierta discriminación. Negarnos el derecho a honrar a nuestros propios héroes correntinos, y en especial a los curuzucuateños, es desconocer la historia misma de las islas.Para entender el dolor de este desprecio, hay que recordar lo que significa Malvinas. La trinchera es un lugar sagrado. Allí se combatió con vivencias únicas que fortalecían el espíritu de cuerpo en medio del desamparo. En ese pedazo de suelo se compartieron las alegrías y las tristezas, los llantos, el dolor y un sufrimiento que solo lo han vivido aquellos grupos de héroes que estuvieron juntos. Ellos abrazaron una causa sin llegar a entender, en ese momento, la magnitud de lo que estaban haciendo. Eran unos niños que, de golpe y bajo el fuego, se transformaron en hombres, en un ejemplo nacional y en el objeto del más absoluto respeto de los propios enemigos, los ingleses.Orlando Pascua formó parte de esa juventud dorada y sobrevivió para continuar la batalla en la paz. No solo combatió en la turba dedicó cada día de su vida posterior a defender a sus camaradas, a denunciar los abusos y a devolverle la identidad a los caídos. Su nombre en ese auditorio no era un capricho era un acto de justicia federal para Corrientes, una de las provincias que más sangre aportó a la gesta.Por eso, el enérgico y unánime repudio aprobado por el Concejo Deliberante de Curuzú Cuatiá no es un simple comunicado político. Es el grito legítimo de un pueblo que se planta ante el centralismo de Buenos Aires para decir que la memoria de sus hijos no se negocia ni se tapa. Homenajear al maestro Cao era necesario, pero hacerlo borrando a Pascua solo demuestra que la balanza de la justicia histórica se ha roto en favor del olvido.
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